Los pasillos del tiempo

Breves reflexiones desde una ventana

N-634

La educación hace extraños compañeros de viaje. Hice la “mili” escuchando Extremoduro, en Cáceres, con escaso dinero y mucho alcohol. Pocos amigos y rápido. Había uno que lloraba por las noches, lloraba y gritaba porque quería volver a su pueblo con sus ovejas. Se sentía solo. Allí todos estábamos solos. Pasó el invierno, pasó Cáceres (algún día tengo que contar como llegué allí) y no me había vuelto a acordar hasta ayer.Ayer, conduciendo por la N-634, escuchando música (the beatles – the beatles 1) en ese tramo donde se hace difícil mirar al frente porque, pasado Reinante, la carretera camina en paralelo al mar, que se asoma entre casas de indianos y chalets unifamiliares. Los carteles ya señalaban mi destino, Ribadeo, dándome tranquilidad y asegurándome que no me había perdido, cosa bastante fácil y habitual. Fueron dos horas de viaje, poco más o menos, luego conocí a Andrés y a Ana, de la Casa de las Letras, una utopía que espero se haga realidad. Comimos juntos, charlamos, quien sabe si nos hicimos amigos y luego me volví a meter en el coche. Tenía ganas de volver a ese tramo, de volver a ver esas casas, de quedarme en una de ellas, poner la música bien alta (Chambao – Pokito a poko) y aporrear el portátil. Escribir qué tienen que ver Los Beatles con aquellas vistas, qué pinta un grupo de Zahara de los Atunes sonando en mi coche, qué hace un chico de Entrevías entre tanta belleza.

RESPUESTA A N-634

Yo también querría volver a mi pueblo, y si tienen ovejas aún querría volver con más intensidad.
El mar, el paisaje, la belleza...Todo es un misterio.

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