Facilidades
Intentamos empezar por el baño, pero no habíamos sacado los cepillos de dientes y ya estábamos estrenando, a nuestra manera, el lavabo, el bidé, la ducha y el armario de formica blanco. Vacíos y satisfechos, tirados sobre el colchón –no recuerdo cómo fuimos a parar al dormitorio–, supimos al instante lo que el otro pensaba: hambre. Jamás lo hubiésemos imaginado: nuestra primera comida en nuestra casa: una pizza. Pero, a la media hora, cuando un chico con casco nos interrumpió el segundo del día, ninguno nos paramos a pensarlo.
¡Imagínense! Bastaba que yo le dijese “¿Qué hay en esta caja?” para que se lanzase encima de mí, me rompiese la camiseta y me violase sobre la caja en cuestión... También podía suceder al revés: se ponía a sacar esas velas que guardamos para las cenas sin amigos… y yo la embestía por detrás hasta un mueble, una silla, una mesa y allí: pim pam, pim pam...
Hace un mes desde que empezó todo esto. Hoy deberíamos haber vuelto al trabajo, pero miro a mí alrededor y veo cajas y más cajas. Parece mentira que esto nos esté pasando. No sabemos como evitarlo, somos incapaces de salir, estamos atrapados. Pensábamos que sería la casa de nuestros sueños: chalé independiente, 750 metros, parcela 3.000 metros, dos plantas y ático, siete dormitorios, cinco baños, trastero bodega despensa, pista de tenis, piscina, dos plazas de garaje. Facilidades.

