Los pasillos del tiempo

Breves reflexiones desde una ventana

Los santos inocentes

1981, Delibes termina una obra imprescindible. En ella retrata una época que la mayoría de mi generación piensa que nunca existió. Una época de clases sociales, donde el señorito Iván dispone y el criado, Paco, el Bajo, cree que sus hijos sólo tienen una solución para escapar de aquello: ilustrarse.
El libro, la novela, deja que cada uno de los personajes cuente, a su manera, la historia. Muy sencilla: el final de una época. Una época de hambre y miseria para la mayoría. Siervos de una España Católica Apostólica y Romana que festeja el Día de la Raza y se jacta, durante la sobremesa y ante el embajador de un país innombrable, de sacar de la ignorancia a sus siervos. Saben escribir su nombre, les enseñan la B con la A, la C con la I; esas cosas de la gramática, caprichos que ellos, los perros fieles, no pueden entender, pero que sus hijos (mis padres) deben dominar si quieren salir de ese agujero.
Una clase de Historia, llena de metáforas, que Mario Camus - junto a Antonio Larreta y Manolo Matji en 1984- se encargó de llevar a la pantalla. Mínimos cambios. Precisos. Preciosos. Quirce, un soldado que vuelve para reencontrase con su hermana, con sus padres y con Azarías. Quirce recuerda. Es la revancha de los que tienen el corazón grande. Tan grande que nunca fueron tratados como personas. Milana bonita.

RESPUESTA A Los santos inocentes

Y qué gran película, por cierto, que transmitieron en la 2 esta semana...

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