Crash
Paul Haggis, con esta brillante película, se une a la lista de guionistas que se convierten en directores (con éxito). Es una práctica muy extendida, sobre todo en el cine español, que sea el propio director el que escribe el guión de la película. También es muy habitual que los guionistas consigan engañar a un productor (o amigo, aunque no tiene porqué serlo) para que arriesgue su dinero y le deje jugar a ser Dios por un rato. ¿Ego? No voy a disertar sobre las causas de estas migraciones porque el artículo sería demasiado largo y aburrido. Hoy me voy a limitar a contar los aciertos y algún que otro Hollywodismo del guión de esta película, Crash, Paul Haggis (2004), merecida candidata a los Oscar.
En contra de lo que pueda parecer, Paul Haggis no es un director novato. A sus 53 añitos -firmó su primer trabajo como guionista para una serie de televisión en 1975-, alcanzó algo de renombre con Million Dollar Baby (en la que también firma como productor, igual que en Crash) tras un rodaje de más de veinte años como guionista de varias series de televisión (entre ellas La ley de los Ángeles) y una carrera intermitente como productor. Ahora mismo tiene anunciados cinco proyectos. Parece que le ha llegado su momento.
En cuanto a la película, Crash, Haggis demuestra su facilidad para interconectar las historias de los diferentes personajes que aparecen en la cinta. Con una estructura circular y el racismo como tema central, asistimos a dos días en la vida de un policía negro y su compañera hispana, el propietario de una tienda que apenas habla inglés, un fiscal del distrito casado con una racista Sandra Bullock, un director de televisión que es amonestado por una pareja de policías… Y una hora y tres cuartos después, todo termina encajando. No hay un plano, una decisión de alguno de los personajes o una línea de dialogo que no esté justificada. Es necesario verla dos veces y apetece volverla a ver otra más (algo de culpa tendrán James Muro y Dana Gonzales, que firman la fotografía), sólo por averiguar si de verdad es tan redonda.
Aunque hay momentos en los que le mataría, sencillamente. Eso es lo que he sentido al ver la redención del personaje que interpreta Sandra Bullock, o al tener que soportar como un delincuente de color que se dedica a robar todoterrenos de lujo, libera una partida de tailandeses que le venían de regalo en una cochambrosa furgoneta, con la que se hace tras atropellar a su conductor. Lo dicho: un estupendo guión al que le sobran un par de momentos made in Hollywood.
En contra de lo que pueda parecer, Paul Haggis no es un director novato. A sus 53 añitos -firmó su primer trabajo como guionista para una serie de televisión en 1975-, alcanzó algo de renombre con Million Dollar Baby (en la que también firma como productor, igual que en Crash) tras un rodaje de más de veinte años como guionista de varias series de televisión (entre ellas La ley de los Ángeles) y una carrera intermitente como productor. Ahora mismo tiene anunciados cinco proyectos. Parece que le ha llegado su momento.
En cuanto a la película, Crash, Haggis demuestra su facilidad para interconectar las historias de los diferentes personajes que aparecen en la cinta. Con una estructura circular y el racismo como tema central, asistimos a dos días en la vida de un policía negro y su compañera hispana, el propietario de una tienda que apenas habla inglés, un fiscal del distrito casado con una racista Sandra Bullock, un director de televisión que es amonestado por una pareja de policías… Y una hora y tres cuartos después, todo termina encajando. No hay un plano, una decisión de alguno de los personajes o una línea de dialogo que no esté justificada. Es necesario verla dos veces y apetece volverla a ver otra más (algo de culpa tendrán James Muro y Dana Gonzales, que firman la fotografía), sólo por averiguar si de verdad es tan redonda.
Aunque hay momentos en los que le mataría, sencillamente. Eso es lo que he sentido al ver la redención del personaje que interpreta Sandra Bullock, o al tener que soportar como un delincuente de color que se dedica a robar todoterrenos de lujo, libera una partida de tailandeses que le venían de regalo en una cochambrosa furgoneta, con la que se hace tras atropellar a su conductor. Lo dicho: un estupendo guión al que le sobran un par de momentos made in Hollywood.


